Volando, después de una siestecita en las alturas, saboreando el silencio del móvil, me tropiezo con dos artículos que llaman mi atención.
El primero es una entrevista a Luis Rojas Marcos. Psiquiatra y profesor en la universidad de Nueva York. Título: “El ser humano tiene una capacidad única para superar la adversidad.” Su nuevo libro, Superar la Adversidad, se centra en la capacidad única de nuestra especie para recuperarse de situaciones muy traumáticas gracias a lo que se denomina resiliencia. Un concepto de la física que simboliza la flexibilidad.
Rojas Marcos, que es todo un experto en la materia, señala que la
clave es conocer los ingredientes de esa capacidad de reponerse, una
mezcla de resistencia y flexibilidad, la resiliencia. Cree que quien
esté informado tiene más posibilidades de sobreponerse. Nos dice que lo
que ayuda es: la intuición (la capacidad de ver lo que no esperamos ver); el análisis de la situación; tener unas relaciones afectivas fuertes; las funciones ejecutivas personales como el autocontrol; y la autoestima y el pensamiento positivo. Y sobre todo, TENER MOTIVOS PARA LUCHAR (¿objetivos?). Dice que son cualidades que no se crean en un día o dos,
precisan tiempo. Cuando le preguntan si puede una persona aumentar esa
capacidad, contesta: “Si, pero tiene que QUERER. Y también tener tiempo
para cambiar aspectos de su personalidad a los que está acostumbrado.
Solo la autoestima supone mucho trabajo, o hacer amigos… Hay que buscar
ayuda”.
Así que hay que conocer y cultivar esos factores de resiliencia,
buscar ayuda, y desarrollar esa resistencia flexible. Bien. ¡Me gusta!
Creo que puedo con ello. A partir de ahora seré un resiliente
consciente.
El segundo es una entrevista a un ex catedrático de Yale, una de las
pocas universidades del mundo cuyo nombre casi cualquiera reconoce.
Actualmente Roger Schank es catedrático de la Universidad Carnegie
Mellon. Su especialidad es Sicología y Computación. Así que aunque es
filósofo de la mente, opina que Platón no ha sido superado y que leer
a Derrida es una completa pérdida de tiempo (menos mal, porque ni sé
quién es Derrida). Aunque es catedrático cree que las universidades
deberían cerrarse porque no enseñan lo que deberían, que lo importante
no es el conocimiento académico sino estar preparado para la vida. Se
dedica a promover nuevas formas de aprendizaje.
Este es un resumen de en qué consiste su método de aprendizaje:
“Uno aprende a ser médico, trabajando de médico; a ser periodista
siendo periodista; a ser abogado siendo abogado. La gente aprende
mediante la práctica. Nuestro MBA (Master en Administración de
Empresas) es experiencial, lo que significa que vas a practicar. Nadie
te va a dar una lección. Nadie te va a dar un libro. No hay cursos. No
hay teoría. Hay situaciones en las que los estudiantes representan un
rol; tienen trabajos que hacer y pueden tardar un mes o dos. ¿No sabes
cómo solucionar una situación? No nos importa, arréglalo. Podemos
ayudarte y tienes compañeros con los que trabajar en equipo. Tienes los
recursos a tu alcance pero no te vamos a dar la teoría. Hay que aprender haciéndolo.
Y me he puesto a pensar en las similitudes con la venta. Lecciones
para mí y mis compañeros. Y me he dado cuenta de que hay varias y muy
útiles.
En primer lugar, creo que la venta es muchas veces formativa.
Llegamos a un cliente que no sabe cómo resolver una determinada
situación y cuando la detectamos le explicamos cómo puede hacerlo con
nuestra solución, nuestro producto o nuestro servicio. Pero en ese
momento, cuando le estamos enseñando, como haría un
profesor, cómo hacerlo, solemos quedarnos en la teoría, en palabras de
experto, en lugar de convertirlo en una experiencia. Y claro, muchas
veces, demasiadas, acaba siendo un fracaso o un fiasco porque no hay
conocimiento real y la explicación no cala. Si, por el contrario, nos
aseguramos de que el cliente experimente el producto o servicio que le
presentamos, que lo toque, huela, manipule, lo perciba de verdad, lo
viva, entonces estamos generando una experiencia que no se olvida. Y
eso depende de nosotros. Depende de cómo de en serio nos tomemos
nuestro trabajo y nuestra profesión permitiendo que salga a relucir
nuestra vocación. ¿A quién no le gusta experimentar, probar, comprobar?
Pues hagamos que lo experimenten con nosotros y hagamos que sea una
experiencia positiva (como mínimo) memorable (a poder ser) que además,
al estar asociada a nosotros nos reportará no solo ventas sino
relaciones.
En segundo lugar, estamos nosotros mismos. Nuestra actividad de
venta se ve muy afectada por el grado de entusiasmo que manifiestan
nuestros clientes con respecto a lo que les vendemos. En momentos como
los actuales hablamos más a menudo de quejas, reclamaciones, bajones,
aportaciones negativas de clientes, que de lo positivo, que también lo
hay. Y no me negarás que una de las mejores cosas que vivimos como
comerciales es cuando un cliente nos vende a nosotros nuestro producto.
Cuando con una sonrisa y entusiasmo nos dice lo bien que la ha ido, lo
mucho que le ha gustado nuestro producto. Pues bien, eso lo generaremos
para nosotros, lo cual será una doble experiencia. Experimentaremos
nosotros también con el producto y experimentaremos más a menudo la
inyección de actitud que nos aporta el cliente.
Y en tercer lugar…
En tercer lugar, tomo nota. Tomo nota para las siguientes veces. No
es que resulte nuevo o no lo hayamos hecho hasta ahora, pero las
próximas veces que nos veamos, van a ser mucho más experienciales. Así
aprendiendo con los productos, será más fácil aprender de los productos.
Estoy a tope. ¡Estoy entusiasmado con este 2010! Que duro ha
empezado y que ganas le tengo. Me siento apasionadamente resiliente
para experimentarlo. ¡Vamos a por 2010! (Si, ya sé que van 6 semanas,
pero es que me ha parecido que alguno todavía no se había dado cuenta). |